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Paul G. Bahn, en el Museo de las Artes y las Ciencias de Valencia | Foto: Mikel Ponce

El conocido arqueólogo británico Paul G. Bahn nos desvela algunas de las misteriosas claves de Rapa Nui

Dice la leyenda que los primeros humanos que hollaron la Isla de Pascua fueron un grupo de polinesios movidos por la visión de un hombre al que se le apareció en sueños una tierra prometida en mitad del Pacífico. Esta es solo una de las fabulaciones con las que se ha tratado de dar respuesta a las incógnitas que encierra esta ínsula de apenas 160 kilómetros cuadrados. La misteriosa Rapa Nui.

«Fue un éxito entre un millón de intentos fallidos, porque la isla es casi imposible de encontrar», explica Paul G. Bahn, arqueólogo experto en la Isla de Pascua, durante una reciente visita a Valencia.




-¿Se sabe cuándo se produjo ese primer desembarco?

-Todo apunta a que en torno al año 700. El interés de los polinesios por descubrir tierras desconocidas estaba motivado en gran medida por los frecuentes conflictos internos, o cuando los hijos menores de un Rey necesitaban encontrar otros territorios. Llevaban su modo de vida con ellos en el barco (semillas, animales). Cuando llegaban a una isla nueva empezaban a cortar árboles para dejar sitio a las cosechas y a explotar todos los recursos locales.

-Digamos que, en este caso, los responsables de la destrucción del ecosistema fueron los propios nativos.

-Lo tenemos claro, pero ahora han surgido una serie de investigadores que preconizan que los causantes de estos problemas fueron los europeos. Obviamente los exploradores que llegaron a partir del siglo XVIII cometieron muchos errores, pero tenemos pruebas de que se encontraron una tierra previamente devastada.

-¿Cómo afectó este daño ecológico a la población?

-Tuvo pésimas consecuencias, porque al no haber árboles los cultivos estaban muy expuestos a los elementos, y la comida empezó a escasear. A esto se suma que la población crecía progresivamente. De las pocas docenas que llegarían en canoa, algunos piensan que llegaron a sumar en algún momento 10.000 personas. Sin embargo, cuando llegaron los holandeses en 1722 solo había unos 2.000 habitantes. Algo pasó entre medias. Mi colega John Flenley ha hallado evidencias de grandes destrozos en la vegetación de la isla ya en el año 1000. Sabemos a través de la tradición oral, y por la gran cantidad de armas que se han encontrado, que hubo guerras internas, probablemente debidas a la presión por la escasez de comida.

-Llama la atención que fuera una civilización sofisticada en tantos sentidos pero incapaz de darse cuenta de que estaban acabando con sus medios de subsistencia.

Vieron desaparecer desde lo alto de la isla los bosques, y no hicieron nada

-Eran una civilización fantástica. A pesar de vivir en una era neolítica -no tenían metal- consiguieron desarrollar una tecnología sin igual en la época. Al mismo tiempo, pensaban que la isla era el mundo entero, y es extraño que a pesar de que desde el punto más alto de la isla veían cómo el bosque desaparecía poco a poco, no hicieran nada para evitarlo. Esa es la lección que tenemos que aprender, que también pensamos que somos los únicos seres vivos de la galaxia, vemos cómo nuestra población no deja de crecer, y aun así destrozamos el planeta.

-La Isla de Pascua ha sido objeto de muchas teorías esotéricas. Se ha elucubrado mucho acerca del significado de los moais.

-En parte es lógico porque es uno de los lugares más misteriosos del mundo desde el punto de vista arqueológico. Otra cosa es que haya gente que asegure que la isla estuvo habitada por extraterrestres porque la piedra de los moais es tan dura que solo pudo cortarse con láser, cuando de hecho es bastante blanda porque es de origen volcánico. También se ha dicho que los moais se trasladaban con un sistema antigravitatorio (ríe).

-¿Por qué unas miran al océano y otras al interior?

-Mucha gente tiene la imagen de los moais como una serie de cabezas mirando al océano, pero esas son las que iban almacenándose conforme salían de la cantera. La realidad es que todas se tallaban de cuerpo entero y eran transportadas -mediante raíles construidos con troncos o por el mar- para colocarse en altares y mirando hacia el interior, como protegiendo la isla del exterior desconocido. Cada una tenía un nombre y representaba a un antepasado.

-Los exploradores se llevaron algunos moais de la isla, ¿no es así?

-Muy pocos dejaron la isla, de los más de mil que llegaron a construirse. Las que sí salieron por cientos fueron pequeñas figuras de madera, que hoy se conservan en museos y colecciones privadas.

-Cincuenta años después de la llegada de los primeros exploradores europeos (el barco capitaneado por el holandés Jacob Roggeveen, en 1722), arribó a la isla la expedición de Felipe González de Ahedo, súbdito de Carlos III. ¿Cuál fue la aportación española a la isla?

Los españoles les enseñaron el primer documento escrito

-Fue una visita corta, pero muy importante, realizaron el primer estudio cartográfico de la isla. También se piensa que tuvieron un papel clave en el desarrollo del rongo rongo, la enigmática escritura rapa nui,  única en el mundo. González trató de tomar posesión de la isla, a la que llamó San Carlos, e hizo al jefe de la tribu firmar un documento. Creemos que esa fue la primera vez que los aborígenes vieron información plasmada en un papel, y que eso les dio la idea de desarrollar una escritura propia. No podemos demostrarlo, pero creemos que es así porque hasta la llegada de los misioneros en el siglo XIX, nadie oyó hablar del rongo rongo.

Fuente: Diario ABC





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